Cuarenta y seis
Un número, una vida, las vidas que no fueron.
Hoy cumplo 46. Mi viejo tenía 26 cuando nací, mi vieja 31. Hacé la cuenta: ellos tuvieron su primer hijo a una edad en la que yo recién arrancaba a entender qué quería hacer con mi vida. Tuvieron a mi hermana dos años después, y él tuvo una hija más ocho años después de que yo naciera, mientras que yo no tengo hijos, pero tengo una esposa, un gato, un laburo que me gusta.
Ellos tuvieron casa y la perdieron en la hiper del 89, pero pudieron comprar otra (muy venida a menos, por decirlo de manera literaria; en ese momento lo decíamos diferente), tuvieron autos, camiones, comercios, mi viejo tuvo muchas cosas que yo no tengo ni de casualidad. Yo, por mi parte, cumplí mi sueño de ser periodista y de que me lean y me quieran algunas personas que ni conozco, y no sé si gané o perdí en la comparación: probablemente, no se pueda comparar.
Tres pensamientos
Ser adulto en el 80, ser adulto ahora
Cuando nací, en el 80, ser adulto significaba otras cosas, y a los 26 y 31 mis viejos ya estaban del otro lado: familia armada, proyectos concretos, una idea bastante clara de cómo iba a ser el resto de sus vidas, o al menos eso parecía hasta que la hiper les voló todo por el aire, pero ese es otro tema.
Ahora tengo 46 y varios de mis amigos tampoco tienen hijos, algunos sí, claro, pero no es tan raro, o es raro, pero en sordina, como algo que está mal visto pero que nadie dice en voz alta, porque antes te lo decían directo y ahora te preguntan “¿y cuándo?” y si les decís que no, cambian de tema rápido, como si hubieran tocado algo que no debían.
No sé si es mejor o peor; sólo sé que es distinto.
La diferencia entre tener plata y parecer que la tenés
Mis viejos tenían más plata que yo, en números duros sí, tenían más; pero, en términos de consumo, de aspiraciones, de lo que se supone que podés hacer con tu vida, yo estoy por arriba, entre comillas. Porque ellos compraban casa y yo alquilo, pero viajo más, leo más libros, voy al cine, escribo cosas que se publican, mientras que ellos tenían comercio y camiones y yo tengo un newsletter y una cuenta en redes sociales que lee gente que no conozco.
¿Quién está mejor? Depende de cómo midas: en plata, ellos; en capital cultural, yo; en estabilidad, ellos; en libertad, yo, ponele. Pero lo que me parece raro es que de afuera se percibe al revés, como si porque laburo en un medio, porque escribo, porque me muevo en ciertos círculos, tuviera más de lo que tengo, y no me quejo, pero es curioso cómo funciona eso.
Las cosas que hice con mi vida y las que no
A los 26 años mi viejo ya era padre, a los 33 mi vieja ya tenía dos hijos, y a los 46 yo tengo una gata y una esposa y cero intenciones de cambiar eso, y no sé si está mal pero cada vez me importa menos, porque lo que me importa es haber llegado acá habiendo hecho algunas cosas que quería hacer: escribir, enseñar en la facultad, terminar la carrera que todavía sigo transitando…, tener una vida que no se parece a la de mis viejos pero que tampoco les es completamente ajena. Porque es una continuación de la de ellos.
Ellos querían estabilidad y yo quería otra cosa, los dos tuvimos razón y los dos nos equivocamos, supongo, con la diferencia de que ellos lo hicieron en un país que todavía permitía ahorrar y yo lo estoy haciendo en uno donde ahorrar es ciencia ficción, pero acá estoy, repitiendo sin parar: 46, sin hijos, sin casa propia, con un laburo que me gusta y una vida que elegí más o menos a propósito, y no sé si es un logro o una derrota, probablemente sea un poco de las dos cosas.
Una foto
Mi abuelo conmigo, menos de un año después de que yo naciera. Él tenía 52, 53 años. Yo todavía no caminaba.
Una canción desesperada
Pongo acá “O Children” de Nick Cave & The Bad Seeds, pero en la versión del disco en vivo Live God que salió en diciembre de 2025, grabado durante la gira Wild God por Europa y Norteamérica en 2024, y la canción habla de subirse a un tren que va hacia el Reino, de estar felices a pesar de todo, de haber estado ciegos pero ahora ver, de haber estado encadenados pero ahora ser libres, y todo con un coro gospel que te levanta aunque la letra esté hablando de pérdida y redención, y Cave canta como si supiera que a veces lo único que queda es alegrarse de estar vivo y seguir adelante de todas formas.
Gracias por leer Tres pensamientos, una foto y una canción desesperada! ¿Y si lo compartís? ¿Y si me comentás algo?



¿Viste que se dice “los treinta (los sesenta, cualquier edad) de antes no son los treinta de ahora”? Cuando veo las grabaciones de prensa, el “movilero” (el término es actual pero antes era solo alguien con un micro en la calle) preguntando en 18 de Julio qué va a votar la gente en el plebiscito de reforma constitucional que “echó” a los milicos, por poner un ejemplo, ves gente de treinta pelada, ojerosa, que parece de cincuenta. Es la calidad de vida. Antes no había redes y compraban menos ultraprocesados, pero comían peor (se creía que comer carne, pan y manteca era balanceado, regado con un vaso de vino por la noche) y no hacían ejercicio, estaban para laburar, comer, cagar y mirar el noticiero. Ahí está la diferencia: ahora contamos con más información (y mucho ruido, es cierto) y tenemos más control sobre nosotros. Las mujeres elegimos si queremos hijos o no, si engordamos o no, etc. Hay más derecho a la vida propia y no a dedicarse al cuidado de los otros. Ojalá estuviera vivo Barrán para hacer una historia de la sensibilidad actual.